miércoles, 17 de agosto de 2005

Nuevas Tecnologías y la extinción del Ñandú

Nuevas Tecnologías y la extinción del Ñandú
Sobre actuales formas de comunicación escrita

Por estos días, existe una asombrosa expansión del uso, ya instalado en nuestra sociedad, de los populares SMS (Short Message Service en Inglés) desde teléfonos celulares. Los mensajes de texto lideran el ranking de nuevos servicios implementados en los teléfonos celulares, por delante de la transmisión de imágenes y el envío de e-mails.
En 2004, los mensajes de texto crecieron 830% [1] - y durante el primer trimestre del 2005 se enviaron más de 160 millones de SMS en la Argentina. Por mencionar algunas cifras más... “de los casi 14,5 millones de usuarios de teléfonos celulares que existen hasta hoy en el país, cerca del 65% envía SMS habitualmente. El 11% de los mensajes de texto es generado por el grupo que va de los 13 a los 19 años. Los principales usuarios son los que corresponden al grupo de hombres y mujeres que van de los 15 a los 35 años”[2].

No ahondaremos en esta breve reflexión sobre aspectos básicos y operativos, que bien pueden verse por ejemplo en la nota “La generación del pulgar” en Diario Clarín[3], pero sí nos detendremos al menos unos instantes en intentar pensar que la realidad nos marca una nueva tendencia general en el formato de “expresión” y “comunicación”, que tiene lugar con esta tecnología,... y que poco tiene que ver con las reglas ortográficas y las formas de organización del discurso que aprendemos en la escuela; que en parte se habían visto sacudidas ya por la aparición del Correo Electrónico, y tantas otras formas de comunicación escrita que nacieron de la mano de La Red (Internet), como pueden ser, los ya populares y diversos sistemas de Chat.

Estos famosos mensajitos como suelen mencionar casi afectuosamente, niños, jóvenes, adultos, y ¡adultos mayores! que utilizan esta tecnología, alimentan día a día, un lenguaje (¿nuevo?) propio de esta tecnología.

El SMS se encuentra en una etapa ascendente ya que fue aceptado por una combinación de menor costo, capacidad tecnológica de los terminales en uso y aptitud generacional (...) entre los adolescentes (...) suelen decir que “hablan” cuando intercambian mensajes de texto. Así, el SMS tiene una capacidad de atracción superior a la voz.[4][5]

Si pretendemos mirar el formato de la expresión, en el e-mail, el chat, y otras tecnologías varias surgidas con la Red de Redes, vemos que se encuentra relacionado íntimamente con el “lenguaje” oral circundante, pero en este caso no podemos avanzar mucho, porque llegado este punto, no sabemos quién fue primero, si el Huevo o la Gallina. Es decir, si primero reinó una cultura nueva sobre la expresión oral y esta se tradujo a las Tecnologías emergentes ó.. la aparición de dichas tecnologías, condicionó nuevas formas de expresión oral y escrita. En particular adherimos al pensamiento sobre una múltiple causalidad de la cosa. Es decir, en otras palabras... un poco de todo. Es verdad que lo contextual-social generalmente condición, pero también es cierto que entre las condiciones que van modelando nuevas formas de expresión se encuentran inmersas las Tecnologías..., viejas y nuevas..., por eso podríamos concluir en que no puede precisarse de forma unilateral y absoluta cuál es el origen del cambio.

De algo estamos seguros, y es que las tecnologías juega hoy por hoy un papel importantísimo (y casi fundamental) en la mutación del lenguaje y aparición de nuevas formas de “comunicación”, tanto oral como escrita. Pero, esta última es la que nos interesa particularmente aquí.

Para el ojo atento, la expresión escrita en nuestro contexto, claramente ha sufrido cambios, sean vistos o no por el ámbito académico y sean aceptados o no por los expertos en alfabetización... Existe un nivel en el cual la comprobación empírica es muy fuerte y es el nivel del “usuario” de la tecnología.

SMS:
Ola! A ke ora ns vmos?

Castellano:
- ¡Hola! ¿A qué hora nos vemos?

En un mensaje de texto, las abreviatura reinan y las simbologías, mucho más allá de lo que algunos dieron por llamar emoticones [6], están cobrando campo y podríamos decir, instalándose muy fuerte en las “formas” de escribir. Nuestro llamado con esta reflexión es a la instauración constante de una visión crítica sobre el uso de la tecnología. Crítica en sentido del mejora aprovechamiento, y en pos de la comprensión del medio. Si el medio fuera solo el medio, nada sucedería, pero si el medio es el mensaje, ó el medio modifica el mensaje, la cosa cambia. La tecnología suele facilitar que en el proceso comunicacional, un mismo mensaje sea más eficiente y/o eficaz. Las nuevas tecnologías como el SMS, además de modificar el “formato” predispone casi inconscientemente nuevos cambios.

Personalmente viví la experiencia, de recepcionar trabajos prácticos en la Universidad (nada más y nada menos) donde el lenguaje escrito era perfectamente aceptable para un coloquio tecnológico de celulares, porque ahorraría espacio y facilitaría la comunicación fluída, pero absolutamente impensado para una presentación formal universitaria, debido a que, mientras que sigamos comunicándonos en la lengua que nos comunicamos, que no es ke, hoy va con “h”, llegar no es "yegar", y hombre no se escribe "Ho". Ante la consulta sobre las causas, los alumnos adujeron la costumbre del SMS.

No es lugar aquí para entrar en la problemática de la alfabetización y las opiniones sobre qué hacer o dejar de hacer en materia educativa, pero me interesa concluir (o introducir) la reflexión con un cuento bastante conocido, que encontré digitalizado en la Red, y que transmite perfectamente el mensaje que intentamos aquí.

La “ñ” es uno de los mejores ejemplos, que sabemos las escrituras en SMS (en muchos casos) discriminan, algunas veces por limitaciones tecnológicas y otras tantas por omisiones del usuario. Ojalá ni las tecnologías, ni las personas extingamos ciertas distinciones de nuestra cultura, ojalá no extingamos al ñandú, porque como dice Ma. Elena Walsh, la eñe también es gente.

LA EÑE TAMBIÉN ES GENTE [7]

La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya como cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní? "La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita de segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable Cesar Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente.

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[1] Negocio de onda: mensajes de texto crecieron 830% - Agencia Télam - http://www.lavozdelinterior.net/2005/0213/economia/nota304793_1.htm

[2] Los mensajes de texto siguen aumentando - Diego Mastroianni -http://www.datafull.com/infotech/nota.php?id=792


[3] LA GENERACION DEL PULGAR - http://www.clarin.com/suplementos/informatica/2005/05/25/f-00211.htm


[4] Los mensajes de texto siguen aumentando - Diego Mastroianni – Pág. Citada.

[5] Sobre este tema recomendamos el documental que ofrece el DVD de la reciente película “Celular”
Director: David Ellis - Marzo 2005

[6] Guía de emoticones, el lenguaje del chat - http://www.terra.com.ar/canales/chat/26/26914.html


[7] Este es un texto de María Elena Walsh, lo encontré digitalizado En http://www.danielpaz.com.ar/Textos.htm

1 comentario:

  1. Me resulta curioso leer en la misma frase:
    "... que no es ke, hoy va con “h”, llegar no es "yegar", y hombre no se escribe "Ho". Ante la consulta sobre las causas, los alumnos ADUCIERON!!!!!!!! la costumbre del SMS...."

    O, por ejemplo, escribir una "o" acentuada sin estar separando dos cifras....

    Pero luego nos asombramos de las "aberraciones" de la nueva forma de escritura...

    Sin acritud,
    Carlos

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