domingo, 30 de abril de 2017

El fenómeno phone walking



Nunca en la historia de la humanidad se leyó y escribió tanto como ahora. Y tanto lo hacemos permanentemente, por causa y consecuencia de la hiperconectividad celular, que hasta se convirtió en un fenómeno GLOBAL el hecho de que también lo hagamos “caminando”. Eso es el phone walking.



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La tentación es muy grande, aprovechar el tiempo muerto que va entre que bajamos del transporte y llegamos al trabajo, o desde que dejamos el auto en la cochera y llegamos a casa. No importa el contexto, si hay una caminata y hay conexión, se puede aprovechar el tiempo.
Pero cuidado, probablemente esa tentación de leer, escribir, comunicarse con otros o aprovechar a ir adelantando algo del trabajo puede ser peligrosa. Tanto es así que en varias ciudades del mundo ya están colocando “semáforos en el piso” especialmente pensados para aquellos lugares donde se registraron que ocurren frecuentemente accidentes por culpa de peatones que van mirando su smartphone (o el dispositivo móvil que sea).
Ya no sólo es un problema que la persona va distraída porque va teniendo una conversación sino que literalmente pierde campo visual, y por tanto capacidad de respuesta, reflejos, porque está enfocando la atención en otra cosa. Muchos hablan de la capacidad que tenemos los humanos del multitasking, de la multi-tarea, de ejecutar varias acciones al mismo tiempo. Pero hace varios años ya las Neurociencias vienen estudiando y enseñando que esa es una verdad a medias. En rigor, nuestro cerebro conecta y desconecta de distintas tareas, no está en muchas cosas a la vez, está rápido en muchas cosas a la vez, que es algo completamente distinto. Si hay algo más rápido que nuestro cerebro, como un “pozo”, una persona que se cruza, un perro, un poste, una pared, o -seamos más trágicos- un colectivo que dobla en contramano, el resultado puede ser fatal.
No hay muchas vueltas que darle al asunto, no nos queda otra forma de afrontar estos nuevos hábitos que con educación, concientización, y anticipación. A nosotros ya nos pasó, ya nos accidentamos por ir mirando el celular, ya nos tendríamos que avergonzar por llegar a una esquina y que en el piso haya un semáforo porque no nos podemos controlar nuestra adicción a la conexión. Ojalá hubiera semáforos en el piso como medidas inclusivas, para aquellas personas que tienen algún tipo de discapacidad temporal o permanente y que contar con más señales les ayudaría a su autonomía, pero no… vamos a instalar semáforos por otras causas y con otros fines.
Entonces, a nosotros ya nos pasó o nos está pasando todo esto, lo mejor que podemos hacer es aprender, y enseñarles hábitos buenos -virtudes y no vicios- a las nuevas generaciones. Prestemos cada vez más atención a lo que estamos haciendo, al caminar, al estar con otros, dejemos el celular afuera de la reunión familiar, del encuentro entre personas, apartemos los distractores, usemos la conexión o Internet y las redes de manera inteligente, para que nos una y no para que nos separe.
Pero ojo, de discursos pacatos y chatos, videos emotivos sobre “el valor de la desconexión” estamos llenos y no sirven para nada. No es ahí adonde apuntamos, pero sí entendemos que probablemente sea AHORA y de verdad el momento en que tengamos que ponernos a pensar y hacer algo con estos indicios de nuevos “hábitos de la hiperconectividad” en tanto pistas sobre Ciberculturas, que están bordeando o rayando algunos límites. Probablemente sea AHORA el momento de que tengamos que cuestionarnos las razones y los fines de lo que estamos haciendo cada vez que tenemos un dispositivo conectado en la mano.
Este fue el tema del día en mi columna de Tecnología, Ciberculturas y Educación en PRIMERA TARDE por LT10



Lo publiqué antes y mejor en medium.com/@pbongiovanni

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